El camote es originario de las zonas tropicales de Sudamérica y Centroamérica. Se ha domesticado y cultivado desde hace 8000 años. Se han encontrado numerosas representaciones de la batata en la cerámica colombiana y también restos de las raíces tuberosas en tumbas.

Los antepasados de los legendarios incas fueron los primeros en cultivar los camotes, en lo alto de los Andes sudamericanos. Se cree que tenían fuertes creencias asociadas al tubérculo, y que lo utilizaban como medio para saber la hora y predecir el futuro. Los camotes eran tan importantes para los habitantes de esta región que sus descendientes, los actuales indios quechuas, tienen más de 1000 nombres diferentes para las patatas en su lengua materna.

En la actualidad, el camote es el quinto cultivo más importante del mundo, después del trigo, el maíz, el arroz y la caña de azúcar. Pero en el siglo XVIII el tubérculo era una novedad asombrosa, aterradora para algunos y desconcertante para otros, parte de una convulsión ecológica mundial desencadenada por Cristóbal Colón.

En comparación con los cereales, los tubérculos son intrínsecamente más productivos. Si la cabeza de una planta de trigo o arroz crece demasiado, la planta se caerá, con resultados fatales. Al crecer bajo tierra, los tubérculos no están limitados por el resto de la planta. En 2008, un agricultor libanés desenterró una patata que pesaba casi 25 libras. Era más grande que su cabeza.