Esta bebida rica en nutrientes, fue consumido como alimento por los Mayas, que extendieron su consumo a todo el territorio sur-mexicano y centroamericano, constituyendo, en gran parte de los indígenas mesoamericanos, en un alimento único para soportar el día a día, además de ser afectiva en los días calurosos.

A la llegado de los colonos europeos, notaron que esta bebida, en particular en las regiones como en Honduras, El Salvador y Costa Rica, era apreciado por los habitantes originarios, que era suficiente para la faena, así como para los actos ceremoniales. Con el mestizaje y las adaptaciones de la cocina europea, el pozol cambio y se adaptó hasta combinar con la leche.

La bebida originalmente se preparaba (o se prepara para los indígenas que aún mantienen su legado) con la fermentación del maíz, para luego ser disuelta en agua, y dejada en remojo por al menos dos días, que era tiempo suficiente para consumirla.

En las adaptaciones de la actualidad, el pozol se prepara con maíz, leche, azúcar y esencias aromáticas, teniendo en cuenta, que algunos prefieren leche semi-descremada a la popular leche completa. Luego a la mezcla de estos ingredientes, se agrega los cubos de hielo, y para darle un toque tradicional, se sirve en un guacal, recipiente, cuyo fruto se obtiene del árbol de jícaro.

Como sea, esta bebida no puede faltar como acompañante de las comidas típicas de Honduras, como la baleada, las tostadas o los nacatamales. Si bien su consumo se remonta a varias regiones centroamericana, en Honduras defienden lo suyo como el mejor, ya que se incorpora otros gustos para un mejor sabor, y nada mejor que probarlo o consumir en el distrito turístico La Ruta del Sol… ¡y buen provecho!