Las comidas hondureñas se caracterizan por sus preparaciones y elaboraciones variadas, que hacen de cada platillo algo original, a pesar de que la mayoría de la materia prima sea común a otros países vecinos.

En las elaboraciones ocurre el milagro de nuevas fusiones y se asiste a una ceremonia, donde aparecen las especias y hierbas hondureñas, que hacen de cada platillo algo único y especial en una ceremonia, donde se funden los secretos culinarios dando un sabor a historia de la época colonial.

El achiote es una especia que reina en las cocinas hondureñas, es un ingrediente imprescindible en los platos tradicionales. Su origen se remonta a cinco mil años de prehistoria en las antiguas civilizaciones de Perú, donde era utilizada por los nativos para preparar estupefacientes mezclándola con coca y cal.

Según los registros históricos, el achiote era usado por los Mayas en su cocina y también en rituales y ceremonias religiosas para colorear el cuerpo de algunas personas. Los Mayas relacionaban el achiote con la lluvia y sus semillas eran utilizadas para la fabricación de un tipo de moneda.

Empezó a ser utilizado en la cocina por su sabor y color dentro de la cultura suramericana y se descubrieron sus propiedades medicinales.

Se puede decir que en casi todos los platillos hondureños, especialmente en los guisos y los tamales no falta la presencia del achote para dar el color y el exquisito sabor que caracteriza la comida hondureña.